¿Alguna vez has sentido que tu pareja, tu madre o tu amiga te hablan y no les prestas atención? ¿O que te cuesta seguir el hilo de lo que te dicen? No es que seas un mal educado o que no te interesen sus palabras, puede que haya una razón científica que explique por qué la voz femenina te agota el cerebro.
¿Qué hacer cuando se rompe una pieza de cerámica? ¿Tirarla a la basura, pegarla con un adhesivo invisible o repararla con un material precioso? La última opción es la que propone el kintsugi, una técnica de origen japonés que consiste en unir los fragmentos rotos con una resina mezclada con polvo de oro, plata o platino. El resultado es una pieza única, que muestra sus cicatrices con orgullo y que adquiere una nueva belleza y valor.
Sin necesidad de que haya infidelidad, un hijo podría parecerse a la pareja anterior de la madre. Aunque pueda sonar extraño, esta teoría es factible en el mundo animal.
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