Había una vez una niña que se sentía sola, su mamá siempre estaba trabajando y sus dos hermanos mayores jugaban ellos dos, la hermana mayor estaba ocupada ayudando a su mamá y el hermanito menor era muy pequeñito, total que ella estaba sola, jugaba sola.

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Papá nunca estaba, porque estaba bonchando con los amigos y con otras mujeres, nunca estuvo en casa, y cuando estaba llegaba borracho a pelear con  su mamá, mamá tampoco estaba porque tenía que trabajar para mantener a sus 5 hijitos, ya que eran muy pobres.

La niña desde el primer grado tenía que llegar todos los días a lavar su única camisita que tenía y así la mantuvo por mucho tiempo.  

A esa niña siempre le decían que era fea y que era bruta, porque siempre estaba pensando, callada y nunca atendía a la clase. Ella no tuvo el amor de una familia unida, porque cada quien andaba en lo suyo. Cuando estudiaba preescolar la atropelló una moto, quizás porque quería llamar la atención de alguna manera, pedía a gritos en su mente, ¡por favor entiéndanme, escúchenme, jueguen conmigo, tómenme en cuenta, quiero que me amen!...

Después de unos meses regresó a su colegio, pasó a primer grado y a segundo  y así llegó a cuarto grado, sintiéndose sola y falta de amor. Ella trataba  de sacar buenas notas, para ver si así alguien le decía algo bonito, pero nada.

En cuarto grado sintió que ¡por fin!  alguien la quería, SU MAESTRA.

Su maestra, nunca le gritó, ni se puso brava, ni la batuqueó, ni la miró mal, mas bien le brindaba amor, porque era dulce, cariñosa y muy sutil para enseñarla, diciéndole todos los días: “tu puedes, sigue adelante, tu eres inteligente”.

A partir de allí su vida cambió,  siempre se recordaba de su maestra y cada vez intentaba hacer las cosas mejor.   Así pasaron los años y esa niña llegó a ser una profesional FELIZ,  convencida que DIOS se le presentó a través de esa maestra,

ESA MAESTRA que vino a traerle la Luz, el amor, que la ayudó a crecer y a creer,

en fin que la ayudó a ser lo que ella es hoy.

Esa niña quiere presentarse.

Esa niña soy yo...y  ese maestro  eres tú.

Pues no se trata del maestro de Escuela, se trata del maestro que somos y que llevamos dentro cuando orientamos, cuando estimulamos, cuando educamos desde el amor y desde el modelo, con la coherencia entre lo que predicamos y practicamos. Somos maestros cuando damos una guía a quien nos los pide, no cuando invadimos a los otros queriendo aconsejar. El consejo nadie lo acepta. A veces el consejo llega cuando es solicitado otras veces no, del resto no te empeñes en aconsejar y menos querer cambiar al otro o al mundo.

Deja fluir y se un Maestro, llevando luz y haciendo que otros sean luz, a través de un gesto de AMOR, UNA PALABRA DE ALIENTO, UN ABRAZO Y SOBRE TODO UN…  

TÚ PUEDES.

 

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