Las discusiones de pareja son inevitables y, en cierta medida, saludables. Permiten expresar los sentimientos, resolver los problemas, negociar las diferencias y fortalecer la relación. Sin embargo, cuando las discusiones se convierten en peleas destructivas, llenas de palabras que hieren, humillan, descalifican o amenazan al otro, la relación se deteriora y se genera un clima de malestar, desconfianza y resentimiento.
Las palabras duelen más que los golpes y dejan cicatrices más profundas que cualquier herida, como adultos y papás tenemos en nuestras manos una enorme responsabilidad, sin darnos cuenta podemos destruir en un segundo a nuestros pequeños. Ten mucho cuidado con lo que les dices no solamente frente a ellos, sino lo que piensas y sientes, porque con tus actos también lo demostrarás.
La disciplina es una habilidad que se aprende y se desarrolla a lo largo de la vida. Es la capacidad de seguir unas normas, cumplir unos objetivos y controlar los impulsos. La disciplina nos ayuda a ser responsables, perseverantes y respetuosos con nosotros mismos y con los demás.
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