Nuestra incapacidad para vivir en la incertidumbre, para aceptar las cosas tal y como ocurren, nos hace imaginar un mundo que funciona siguiendo las reglas de nuestro raciocinio, lo cual nos proporciona grandes dosis de seguridad pero limita nuestra libertad, pues las oportunidades que nos ofrece el universo son siempre ilimitadamente superiores a las que imagina nuestra mente.
Respirando nos conectamos con el aquí y el ahora, la respiración consciente nos lleva a nutrir a todo nuestro físico y energético.
Honestamente, ¿Cuántas veces escuchamos eso de acallar la mente? Últimamente muchas veces, más de las que quisiéramos. Por otra parte, acallar la mente parece imposible, pues nuestro cerebro está permanentemente generando ideas a velocidades asombrosas, tanto que llegamos a abrumarnos con ellas y comenzamos a ser selectivos dejando aquellos otros pensamientos, los millones a los que no prestamos atención, allí, como cuando dejamos objetos regados por la casa haciendo desorden.
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