Todos los eventos “buenos y no tan buenos”, alegres, tristes de rabia, en fin, cualquier cosa que nos haya ocurrido, ya pasó y mantenernos pegados a las emociones que se generaron en dichos eventos, le resta fuerza a la presencia de Dios en nuestras vidas.
Generalmente el ser humano respira solo lo necesario para subsistir sin darse cuenta de que en la respiración se oculta una increíble fuerza vital que nos ayudaría a revitalizar nuestro cuerpo, avanzar más rápido, crecer con más facilidad, traernos un bienestar... etc.
¿Cuál es el mejor día en la vida de una persona? Esto es una calificación muy personal, aunque pudiéramos decir que mayormente, es cuando se disfruta de la dicha del logro. Cuando alcanzamos algo, la alegría nos inunda y la sensación de triunfo es extraordinariamente poderosa. Pero también es en ese preciso momento en el que dejamos de darnos cuenta u olvidamos que:
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