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Llega la hora de pisar tierra y darnos de frente contra nosotros mismos. Es bastante lo que se ha escrito en este blog, en internet, en libros, grafitis, etc… sobre el tema de ser mejores personas, a saber: No juzgues; Se paciente; Ama al prójimo y más a tu enemigo; Respira conscientemente; Observa tu proceder; Se consciente; etc., etc… Todas frases y lemas muy ciertos y bonitos para colocar en nuestros muros del FaceBook y retuitearlos cuando alguien, gurú o no, los escribe. Pero a la hora de la verdad, ¿De cada vez que publicamos o compartimos algo, en cuantas nos observamos a ver si estamos practicando eso que predicamos?
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Las disyuntivas en nuestros caminos son cosa de todos los días, mayormente no es complicado elegir entre tomar el camino de la derecha o el de la izquierda, siempre y cuando ambos nos conduzcan al mismo destino, alguno tendrá más curvas y el otro quizás sea un poco más empinado, pero al final, el destino será invariable. Lo único que si cambia independientemente de la ruta que elijamos será la manera en como apreciemos el camino. Expresión que aparece nuevamente por estos lados.
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Honestamente, ¿Cuántas veces escuchamos eso de acallar la mente? Últimamente muchas veces, más de las que quisiéramos. Por otra parte, acallar la mente parece imposible, pues nuestro cerebro está permanentemente generando ideas a velocidades asombrosas, tanto que llegamos a abrumarnos con ellas y comenzamos a ser selectivos dejando aquellos otros pensamientos, los millones a los que no prestamos atención, allí, como cuando dejamos objetos regados por la casa haciendo desorden.
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Por más versados que seamos en salir de conflictos de manera armónica, nunca dejamos de estudiar pues en el momento menos pensado, nos pasan la prueba y si no estamos atentos, caeremos en las arenas de nuestras emociones, un lugar particularmente complicado de manejar, creo que de esto ya sabes algo. Estas pruebas se ven más claramente en nuestras relaciones cotidianas y en la manera en cómo nos conectamos y comunicamos con otros y más importante aún, con nosotros mismos. Una de las pruebas más comunes es darnos cuenta de lo que tenemos en nuestro corazón, para saberlo, debemos observar la manera cómo nos expresamos y recibimos la información de nuestros semejantes y del entorno en general.
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Comentábamos sobre cómo nos encontramos metidos en situaciones que no nos gusta y de las acciones que, inconscientemente nos mantienen conectados con estas situaciones de inconformidad e insatisfacción, de hecho, son tan fuertes que se nos hace complicado salir de ellas pensando que no existen opciones, pues nuestras razones son más que suficientes, tanto como para mantenernos estáticos evitando hacer más y generar cambios, a simplemente vivir mejor.
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