Lectura recomendada

 Los avances científicos, tecnológicos y el descubrimiento del petróleo como una extraordinaria fuente de energía, han tenido repercusión en los intereses, cultura, en la forma como se relaciona el hombre con la naturaleza y con el entorno.

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El hombre ha sido capaz de aprovechar el petróleo para ponerlo a su servicio y así satisfacer sus necesidades a una velocidad cada vez más vertiginosa.

En Venezuela el petróleo ha tenido un significativo impacto en la sociedad.

De sus suelos emergieron prolíferos manantiales para alimentar al mundo de energía. “La bolsa de sol”, como es denominado el petróleo en la película “Home”, le trajo a los venezolanos crecimiento, desarrollo y mejor calidad de vida.

La población se desplazó del campo a la ciudad buscando mayor bienestar. Se abrieron nuevos horizontes en diversos campos. Los venezolanos y la humanidad en general tienen mucho que agradecerle a esta “bolsa de sol”.

Por muchos años los venezolanos hemos sido alimentados gracias a esta fuente de energía que mana de nuestros suelos, tal como la madre que amamanta a un niño. Esto ha sido un factor determinante de muchas de las características de nuestra sociedad.

Venezuela ha sido un país rico, pero lamentablemente esa riqueza ha convertido a la sociedad venezolana en una comunidad dependiente del petróleo, acostumbrada a que le den, que alguien venga y le resuelva. Es como un niño que depende del pecho de su madre, es incapaz de valerse y responsabilizarse de sí mismo.

Somos un país rico habitado por personas a quienes no les gusta su situación pero se sienten incapaces de transformarla. Una sociedad que se queja, se resigna y protesta.

Esta realidad hizo que en algún momento el petróleo fuera visto y denominado por Juan Pablo Pérez Alfonso “El excremento del diablo”.

Pero el petróleo no es malo

No obstante, decir que el petróleo es malo es como decir que el dinero es malo. No es el dinero, ni el petróleo, como tampoco lo es la energía atómica los que han hecho daño a la sociedad y al planeta. Lo que ha traído consecuencias negativas, es la forma como lo hemos utilizado. El “daño” ha sido ocasionado por el nivel de conciencia con el que se han tomado las decisiones, el tipo de tecnología fabricada y de “desarrollo” que se genera.

Este desarrollo ha sido orientado y sustentado en la valoración de lo más grande, más rápido, más productivo, más eficiente. Este modelo de desarrollo en lugar de aumentar la calidad de vida, disminuir significativamente el hambre y la pobreza, generar mayor bienestar y mayor felicidad, originó una sociedad, estresada, enferma, deprimida y obesa con un significativo deterioro ambiental.

El aprovechamiento de esta rica fuente de energía se ha realizado bajo una perspectiva antropocéntrica carente de una visión sistémica y ecológica, en la cual el ambiente, el entorno, la naturaleza y el planeta han sido considerados como una fuente de recursos que pertenecen y están a la disposición del hombre.

El tipo de desarrollo y los problemas que hoy aquejan a la humanidad son consecuencias de ignorar el hecho de estar inmersos y de ser sólo una parte de una totalidad mayor a la cual no podemos controlar (explicar cual es la totalidad)

 

La intención de esta reflexión no es señalar al hombre como culpable, ni enunciar todo el mal ocasionado. La invitación visualizar todo esto desde una perspectiva más amplia, como un proceso evolutivo que ha de continuar si el hombre quiere permanecer, perdurar en el tiempo como especie (sinónimo-SER) en el planeta.

En esta historia no hay culpables

Estas consecuencias negativas que vivimos son producto de una falta de conciencia, de mirar sólo una pequeña parte de la totalidad y considerarla como “la verdad” y actuar en función de ello.

Los avances científicos y logros tecnológicos hicieron que el hombre se creyera dueño y señor del planeta y se sintiera por encima con el poder de dominar la naturaleza y ponerla al servicio de si mismo.

El control de tan sólo una “parte” le hizo creer que podía controlar el “todo”. Se sintió separado de su entorno. Olvidó que él es sólo una pequeña parte de una intrincada red de relaciones, de la cual depende y que todo lo que afecte a esa red, tarde o temprano terminará afectando y poniendo en riesgo su vida.

Hoy más que nunca las consecuencias de la falta de conciencia estallan en nuestra cara, y nos emplazan a tomar conciencia y a “darnos cuenta”.

La manera como actuamos es consecuencia de nuestras creencias, maneras de pensar, producto de nuestra historia particular. Pero nuestros actos generan un impacto, unos resultados. Lo que hoy día vemos, los problemas que la humanidad afronta llaman a revisar nuestra actuación e ir más a fondo, a mirar cuáles son los pensamientos que están por debajo de esta forma de actuar, qué paradigmas, modelos mentales sustentan las acciones que han dado origen a los resultados que hoy se observan. ¿Son válidos esos paradigmas, esos modelos mentales? ¿Habrá otra manera de actuar más global y eficiente?

Desde esta perspectiva en la que toda esta historia se visualiza como un proceso evolutivo, la humanidad se encuentra en un punto que llama a la reflexión: nuestro futuro dependerá de que seamos capaces de retar suposiciones y nos atrevamos a poner en duda lo que hemos dado por cierto, lo que hemos creído que es la verdad.

Abrirnos y escuchar otras respuestas, otros paradigmas…

La evolución en esencia es un proceso creativo, la vida se expande y permite el surgimiento de lo que antes no existía, aquello que le permite continuar cuando el entorno cambia. La realidad actual exige que nos demos cuenta de la necesidad de revisar nuestros paradigmas y permitir el surgimiento a nuevas teorías, modelos, maneras de estar y vivir en armonía con la naturaleza.

La inconsciencia hace al hombre inocente, pero no lo libra de las terribles consecuencias de sus actos.

La invitación entonces es a ser capaces de soltar los paradigmas, modelos y creencias que no nos sirven para vivir en armonía en el planeta, evolucionar y hacer posible que continuemos habitando en el planeta.

Este proceso es posible y ya se está dando, cada día son más las personas, empresas y gobiernos que actúan con mayor sintonía con la naturaleza. Cada vez más y de manera acelerada, el desarrollo tecnológico es orientado por premisas, tales como la ecología, el ser 100 % reciclable y causar el menor daño ambiental posible.

En Venezuela, esta conciencia nos podría conducir a la disminución del uso del petróleo como fuente única de energía y a asumir la responsabilidad de hacer uso de otros numerosos y valiosos talentos para crear progreso en el buen sentido, generar riqueza y bienestar para todos.

 

Mireya Materán instagramxyoutubefacebookwww

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