Tu niña o tu niño interior existe, es tu alegría, tu capacidad de desenfadarte, tus ganas de soñar, tu ilusión, las cosas que valen la pena, el amar por el placer de amar, el compartir por diversión sin esperar nada a cambio, aquello que realizas con todo tu ser, la expresión de tu creatividad y de tu belleza.

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Nuestro Niño Interior es tan real como tu alma, atemporal, y vive dentro de ti, esperando el momento de que te des cuenta y fijes tu mirada en sus ojos.

Sería difícil definirlo en una sola expresión, porque participa de muchos de los talentos de nuestro ser de energía. Así que lo justo es describirlo con todo aquello de lo que forma parte:

Desde un punto de vista energético, comprendiendo que cada persona es un ser de luz viviendo una experiencia física, el niño interior es aquella parte de tu energía que te conecta desde fuera, lo más externo físicamente, hasta lo más interno, el alma. Esta conexión, este niño interior, vive en el corazón, este es su hogar. Es el amor y la ternura hacia ti.

En el momento en el que tu cuerpo, tu mente, tus emociones se rigen desde el corazón y desde el amor hacia ti mismo, en ese momento es cuando te fundes con tu niño interior y es un solo ser. Ahí es cuando sientes amor, por ti, por las personas y por todo lo que te rodea. No es un amor ilusorio en el que te sientas por encima de los demás, mejor o peor que nadie. No es un espejismo que desaparece en cuanto te enfrentas a tu propia realidad o a la de los demás. Es el amor que nace de la aceptación de tu persona, de la humildad, del valor y el reconocimiento hacia ti, de la ternura hacia ti. Y al encontrarlo en tu interior, lo encuentras en cada cosa, en los demás, sean conscientes o no, lo vivan o no.

Porque aunque no lo vivamos en un determinado momento, está ahí, siempre estuvo ahí.

Desde otro punto de vista, sentir al niño interior es pararse, y descubrir qué sientes, qué quieres realmente, cuál es tu voz entre todas las voces que hay en tu mente. Es el cuidado por tu corazón, tu integridad, tu humanidad, tu inocencia, tu sonrisa, tus ganas de reír, de compartir, de amar y de crear.

Así que da igual el punto desde el cual nos aproximemos a nuestro niño interior. Desde experimentar nuestra esencia como ser de energía, o experimentar nuestra esencia amorosa como ser humano. Es lo mismo con diferentes nombres y diferentes caminos, lo importante del camino es que te lleve a ti.

Alimentarte a sí mismo. Tu eres un valioso ser humano creado por Dios y no hay otro como tú!

No estamos solos. La mayoría de las veces nuestros padres hicieron lo mejor que pudieron dadas las circunstancias. Todos tenemos nuestras quejas y ojalá las cosas podrían haber sido diferentes. La buena noticia es que hay esperanza!

Dicho de esta manera, parece que sólo hay cosas dichosas en nuestro interior, nuestro niño está feliz esperándonos. ¿No hay heridas? Claro que las hay. Nos han enseñado desde pequeños a fijarnos más en las heridas que en todo lo demás. De esta manera creamos una visión irreal de nosotros mismos, y desde esta visión nos relacionamos con nuestro interior y con el mundo. Pensamos, y nos hemos acostumbrado a sentir, que somos personas con muchas “manchas-defectos-imperfecciones-heridas”, pero si pudiésemos vernos en la totalidad de nuestro ser, contemplaríamos cuánta belleza y armonía tenemos, y que esas “manchas” no pueden ni podrán empañar nunca nuestra luz interior, tan sólo tenemos que recordar esto. Por eso, el primer viaje hacia ti que sea a tu ternura, a tu amor propio, y ahí, donde encuentres un poquito, quédate hasta que crezca lo suficiente, para que sientas la confianza y la fuerza que te da este encuentro positivo, y entonces estarás listo para ocuparte de tus heridas, con delicadeza, o de aquellas cosas de ti que notas que limitan tu libertad, la expresión de tu ser.

No te pelees con tus “manchas”, porque también son una expresión de ti, un aprendizaje, una experiencia, y pueden ser una forma a través de la cual caminar hacia tu libertad. Además, las supuestas “manchas” forman parte de todo tu ser, de la manera irrepetible, preciosa y valiente que has escogido para estar en el mundo. Por eso cuando ya las hayas integrado, no ocultes su cicatriz, su existencia, porque forman parte de tu singularidad y belleza.

Si estas palabras resuenan en tu interior, busca si quieres un momento para ti, siente cómo respira tu cuerpo, escucha cómo late tu corazón, y ahí, en tu corazón, imagina un espacio cálido y agradable donde te ves sentada. Pide, visualiza, siente, llama a tu niña interior. Ve delante de ti a una personita de 2 años. Mírala a los ojos, sin presuponer. Conecta tu mirada con la suya… Este es el comienzo de una gran aventura, disfrútala.

 

Mariapia Filippone instagramx

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